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sábado, 24 de mayo de 2014

Anécdotas musicales (VI). Bohemiadas y costumbres

Las bohemias no tienen tiempo ni espacio en la memoria popular. En ésta ocasión rescatamos una nota que narra la sensibilidad del compositor Roberto Carpio, en tierras arequipeñas. 

La narración pertenece a un compendio motivado por Rodolfo A. Gómez, periodista y amante del terruño; quien reúne anéctodas y crónicas de la Arequipa de finales de siglo XIX hasta mediados del XX. PADRE E HIJO es un libro de lectura obligada para los que nos interesa las historias "detrás del telón" de ilustres personajes políticos y artistas; principalmente en la partes que detalla el movimiento musical de la época.


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En Alata, pago situado en el camino a Tiabaya, existía la picantería "El Paccay", regentada por la recordada Elenita, quién atendía a su clientela con verdadero esmero y en forma obsequiosa. En ese sitio se reunían catedráticos, literatos, poetas, músicos y periodistas.

Una de esas tardes, el grupo ofreció un lunch criollo al arequipeñísimo Roberto Carpio Valdez, Secretario entonces del Conservatorio Nacional de Música de la Capital de la República y gran compositor y mejor pianista. Creo opo
rtuno dejar constancia que era Director de ese Conservatorio otro paisano: Carlos Sánchez Málaga, otro gran músico compositor, Director de orquesta y pianista.

A esa reunión acudieron Ernesto y Eduardo Rodríguez Olcay, Vladimiro Bermejo, Aurelio Díaz E., Benigno Ballón Farfán, Manuel Moscoso Vargas, Juan Francisco Chanove, Víctor Martínez Málaga, Manuel Alzamora, Migdonio Castillo y algunos más.

Un joven Roberto Carpio, cuando pertenecía al
Centro Artístico de Arequipa como pro-secretario,
elegido en 1927.
Terminó el agazajo y comenzó la bohemia. Ballón Farfán tomó la guitarra y comenzó a cantar "yaravíes" arequipeños, en dúo con  Chanove. Y el ambiente se hizo verdaderamente más íntimo; el amor al terruño creció aún más y el entusiasmo y euforismo se hicieron grandes.

¿Y como concluyó la reunión? Roberto Carpio se puso a llorar, porque su alma arequipeña fue tocada en su lugar más íntimo. Llegado a Lima contó la bohemiada de Arequipa y el recuerdo de esa tarde debe estar aún presente en quien los temas de su tierra fueron motivo de inspiración auténtica de la mayoría de sus composiciones criollas y de gran valor musical.

Roberto fué hijo del maestro Faustino del Carpio. Éste llevado por su ascendrada [sic.] modestia nunca quiso que su prestigio traspasará los umbrales de Arequipa. Durante muchos años fué director de la Sociedad Musical de la Virgen del Perpetuo Socorro. Enseñó en varios colegios y dejó muchos discípulos a quienes dictó magníficas enseñanzas para la ejecución en los dominios del piano.

Con ese recuerdo pondremos punto final a estas otras lineas, escritas con el amor de quien también tuvo oportunidad, escritas con el amor de quien también tuvo oportunidad de participar en reuniones y formó parte de muchos grupos de Bohemia de Literatura y de Música.
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Fuentes:
Rodolfo A. Gómez G. , PADRE é HIJO , pag.268- 269, Arequipa 1977.
Omar Zevallos Velarde, Los acuarelistas arequipeños, Cuzzi & Cía, 2013.
Zoila E. Vega Salvatierra, Texto y contexto en la obra de Roberto Carpio en la Arequipa del siglo XX, Ed. UNSA, 2001

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