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domingo, 19 de octubre de 2008

Educación de la Voluntad

Educación de la Voluntad
Tomás Prieto. Psicólogo Infantil. Madrid. Escuela de padres STBC

El hombre quiere la felicidad pero todos tenemos la experiencia de que en esa búsqueda nos topamos con muchas insatisfacciones. Como decía Platón, estamos desintegrados y no hay unidad que explique nuestro ser: la inteligencia descubre el bien pero nuestra voluntad no siempre se dirige a él, los afectos no se controlan fácilmente, las pasiones en ocasiones nublan el camino, etc.
Podemos afirmar que el hombre es un ser incompleto y que en su día a día se va haciéndose. En este quehacer cotidiano la voluntad tiene un protagonismo indiscutible. Veremos a continuación la importancia de educar la voluntad en nuestros hijos y cómo hacerlo.

1. ¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EDUCAR LA VOLUNTAD?

La voluntad es la determinación fehaciente de ir en busca de aquello que la inteligencia propone como bueno.
Como señalábamos en la introducción, la primera respuesta a esta pregunta la encontramos en
la experiencia: no siempre hacemos lo que nos conviene para ser mejores.
Por otra parte, comprobamos que las personas con voluntad llegan en la vida más lejos que las meramente inteligentes. El hombre con poca voluntad, por muy inteligente que sea, está siempre amenazado, porque cualquier cosa le hace desviarse de las metas propuestas.
En cambio, con una voluntad fuerte podremos ser recios (y no sucumbir al “me apetece”), coherentes (para no hacer algo distinto de lo que pensamos), tenaces (para vencernos aunque
los resultados no sean inmediatos) y perseverantes (para no rendirnos en la búsqueda de lo bueno).
A nosotros, adultos, esta batalla nos llevará toda la vida. Y nuestros hijos necesitan de nuestro ejemplo y nuestro buen hacer educativo para que su voluntad crezca robusta, a pesar de la amenaza continua que supone nuestra cultura.
No hace falta mucha reflexión para entender que nuestros hijos no lo tienen fácil. La televisión –la gran deseducadora- tiende a matar la voluntad y genera personas pasivas que simplemente se dejan llevar por las imágenes; el consumismo y la cultura de la imagen apelan de continuo a los deseos, no a los valores; el ocio electrónico, el uso de internet y del teléfono móvil fomentan el presentismo (hoy y ahora tengo todo lo que quiero) y la gratificación inmediata.
En medio de esta realidad, todavía hay padres que pueden cuestionarse si es correcto influir en los gustos de los hijos. Pueden pensar que les restan libertad y que más que educar están cayendo en el conductismo. Indudablemente los padres estamos influyendo en los gustos, aficiones y tendencias de nuestros hijos, hasta tal extremo, que no necesitamos activar la intencionalidad para hacerlo. Pero hemos de tener clara la diferencia entre educación y conductismo. Mientras que educar es conducir a otra persona hacia su bien, conductismo es dirigir a otra persona hacia mis intereses, es decir, manipularla.

2. ¿CÓMO EDUCAR LA VOLUNTAD DE NUESTROS HIJOS?

2.1. La fórmula del aprendizaje
La fórmula que define la capacidad de aprender está representada por la siguiente función:
Aprender = F(estímulo) (aptitudes) (voluntad)

El estímulo
El primer paso para aprender es que exista un estímulo exterior en el que se pueda basar el aprendizaje: el ejemplo de un padre ordenado, las clases de ajedrez o de música, etc.
Si no existe estímulo, aunque la capacidad genética sea alta o el niño quiera aprender, no le será posible.
En los primeros años de la vida la elección de los estímulos está en buena medida en manos de los padres: nosotros decidimos, de acuerdo con los períodos sensitivos, qué estímulos proporcionamos a nuestros hijos, con qué iguales se relacionan, qué ejemplo les damos con nuestro comportamiento, qué ambiente familiar instauramos, etc.

Las aptitudes
Nuestros hijos nacen con unas aptitudes genéticas que están por desarrollar. La capacidad de aprendizaje puede ser baja o alta, pero generalmente no es nula. Además, las aptitudes de las personas se van modificando con el propio aprendizaje: a medida que practico un deporte, mejoro mis aptitudes en ese deporte. Luego se nace con ciertas aptitudes, pero también se educan y se desarrollan.
La estimulación temprana se fundamenta en el conocimiento de los periodos sensitivos para conseguir una mejora en el aprendizaje, de manera que si proporcionamos el estímulo fuera del periodo sensitivo, para conseguir el mismo aprendizaje se necesitará un estímulo más fuerte y una voluntad mayor.

La voluntad
La última palabra para aprender algo la tenemos nosotros mismos, porque somos libres para querer aprender. Por muy buenos que sean los estímulos y excelentes nuestras aptitudes, si no queremos aprender algo, no lo aprenderemos. Para alcanzar los objetivos propuestos nuestra voluntad necesita de motivación y del esfuerzo. El uno, mueve, y el otro hace posible el autodominio. Por eso es fundamental conocer lo que inclina a nuestros hijos a querer aprender, y enseñarles la importancia de los pequeños vencimientos diarios para poder dirigir su vida.
El principal motor de nuestros hijos será nuestro amor incondicional, a él y entre los padres. Si el hijo se supera y hace algo bueno, es fundamental que vea nuestra alegría, porque eso le llenará de satisfacción, de confianza en sí mismo y de afán de superación en las próximas situaciones. Si ignoramos sus esfuerzos, o reaccionamos destacando lo perfectible o centrándonos exclusivamente en los resultados (caso típico de las notas), el niño no encontrará motivos para repetir la acción buena.
En este sentido podemos decir que debemos alabar más el esfuerzo de los hijos y elogiar menos sus dotes intelectuales, pues lo primero produce estímulo y lo segundo vanidad. Las motivaciones que apelan a su esfuerzo y a su inteligencia, como son que papá muestra interés por su trabajo, son muy importantes para un escolar. El saber radica en la inteligencia y el querer en la voluntad, pero la lucha en la familia está en que los hijos quieran estudiar, quieran ser constantes, quieran ser responsables... si esto se consigue no habrá problema con el saber. Si quieren estudiar y tienen hábitos de orden, constancia y responsabilidad, las buenas notas serán una consecuencia.
Deben caer en la cuenta de que son protagonistas de su propio aprendizaje y no víctimas del mismo. Para ello el ejemplo de los padres es fundamental: tienen que ver que luchamos por mejorar, que a veces no conseguimos lo que nos proponemos, pero que no desfallecemos; que pedimos perdón si procede, que lo intentamos de nuevo.
Hay que enseñarles a posponer las gratificaciones, evitando la inmediatez, y hemos de proponerles como motivación la duradera: la satisfacción por el trabajo bien hecho. A medida que vayan creciendo, podrán entender que sólo si son capaces de querer de verdad podrán llegar a ser libre y poder dirigir su vida hacia donde quiera.
En el caso de que haya hecho algo mal, es necesario hablar y pensar con él, con el fin de que lo reconozca, se arrepienta y tenga deseo de no repetirlo. Esas conversaciones sosegadas serán el medio para hacerles razonar bien, hacerles capaces de hacer lo que deben hacer y hacerles quererlo hacer libremente.

2.2. ¿Cuándo hay que educar la voluntad?
- La voluntad se educa desde que nacen, pero es la educación temprana la que nos ayuda a distinguir el momento oportuno para educar cada virtud y/o capacidad.
- Cuando exista “sinergia positiva”, esto es la educación eficaz.
- Llegando antes con el bien; es decir, la educación preventiva.

2.3. ¿Cómo hay que educar la voluntad?
Sintetizando lo que hemos dicho anteriormente:
- De acuerdo con “la teoría Z”, esto es, educando con el ejemplo.
- Nivelando premios y castigos: educación motivada.
- Educando diferente a cada hijo: educación personalizada.
- Y siempre, con mucho amor, con confianza, con sentido positivo.

CONCLUSIÓN

En esta nota técnica hemos abordado los motivos por los que hoy en día se impone una Educación de la voluntad, y hemos presentado pautas sencillas para mover la voluntad de nuestros hijos hacia el bien, para darles criterio y para sostenerles con nuestro ejemplo y nuestro cariño.

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